Otra vez el ritual. Preparar el mate, nafta, ruta. A medida que el campo le va ganando al cemento, los nubarrones se acercan cada vez mas. Sucede lo inevitable: llueve. La ruta 9 nos muestra un escenario visitante y hostil. Es la ruta elegida por los mismos que siempre pueden elegir. Eligen a los árbitros, imaginate una ruta. Todo cambia al llegar a Rosario: el sol nos recibe sonriendo y baña las calles húmedas. El Shopping, el punto de encuentro improvisado, es celeste y blanco: la caravana interminable de siempre. Como en el antiguo bar del Cilindro, como en la plaza del tanque, como en el grupo de watsapp con amigos: nos encontramos con las miradas. No te conozco, no me conoces, pero estamos en la misma. Ese abrazo silencioso. Una solidaridad encubierta por la misma pasión. Aunque sean 200, 500 o 1 millón de kilómetros, estamos en casa. Vamos Racing carajo.